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Predicciones sobre las principales amenazas de ciberseguridad para 2024



Y, como todos los años por esta época, es momento de analizar lo sucedido en materia de ciberseguridad durante 2023, ver tendencias, revisar el estado del arte de las tecnologías emergentes, estudiar datos, contrastar la información de analistas y empresas del sector y de hacer “cábalas” para tratar de averiguar cuáles serán las principales amenazas de seguridad con las que nos encontraremos en 2024.

Aunque aún no muchas organizaciones, empresas del sector y analistas han publicado sus predicciones para el año que viene, algunos de ellos ya lo están haciendo y, en breve, durante el mes de diciembre (máxime cuando nos estemos acercando al fin de año), veremos una avalancha de ellas.

Desgraciadamente, no tenemos la bola de cristal. Por ese motivo, éste es un artículo de opinión, no empírico ni científico, aunque sí basado en nuestra experiencia y en toda la información recabada y analizada de otras reconocidas fuentes como expertos, analistas y empresas del sector, con sus puntos en común, discrepancias y coincidencias.

A priori, las amenazas que los expertos apuntan se llevarán la palma en 2024, son los ataques a la Inteligencia Artificial (IA) y al Machine Learning (ML) o aprendizaje automatizado. En todas las previsiones consultadas hasta el momento, aparece en primer lugar, como la que más podrá ser explotada el año que viene.

Le siguen, a mucha distancia, pero en segunda posición, los ataques a la cadena de suministro y blockchain, de terceros (proveedores, socios, colaboradores, etc.). Este es un aspecto que se ha tratado mucho durante 2023 y en donde ha emergido una gran preocupación, tanto en materia de ciberseguridad como tal, como en los que a privacidad y cumplimiento normativo se refiere.

Finalmente, en tercera posición, aparece u bloque de amenazas 100% relacionadas con el factor humano, la debilidad humana y el ataque a las personas. Éstas son amenazas que pretenden lograr los objetivos manipulando las voluntades de las personas y lanzando ataques dirigidos contra ellas.

Entre ese tipo de ataques a las personas, el primordial a día de hoy y el que parece se mantendrá e incrementará en 2024 es el de los ataques de phishing (en cualquiera de sus variantes y sabores) y la ingeniería social.

Otro de ellos, aunque relacionado con lo anterior de un modo u otro, es el riesgo que supone la falta de concienciación, conocimiento, formación y habilidades de los empleados en materia de ciberseguridad.

En este sentido, se habla de los insiders que, con su comportamiento (intencionado o no), pueden dar al traste con el negocio en un solo clic, ya sea por falta de conocimiento, por despiste, por errores humanos, por configuraciones inadecuadas, por engaños en los que pican, o incluso realizando acciones de forma totalmente intencionada buscando objetivos concretos (económicos, políticos, sociales, de reconocimiento, descontento laboral, etc.).

Estos podrían ser los principales riesgos de ciberseguridad a los que nos enfrentaremos en 2024, pero podemos identificar muchos otros más. De nuestra experiencia y del análisis de quienes ya se han pronunciado al respecto, podríamos esbozar un primer ranking de amenazas de ciberseguridad que veremos en 2024:
  • Ataques a la Inteligencia Artificial (IA) y al aprendizaje automático (Machine Learning / ML). Es la principal amenaza que se prevé nos encontremos en 2024 y en la que coinciden la mayoría de los expertos y analistas. Esto quizá se derive de las últimas importantes evoluciones y novedades de la IA que parece estar despejando como tecnología emergente (quizá en su momento hype). En este sentido, del mismo modo que será una tecnología interesante y muy útil para la seguridad, prevención y protección, también se prevé que sea el foco de multitud de ataques o, más bien, que sea utilizada por los ciberdelincuentes en el sentido opuesto. Éstos podrán emplearla, entre muchas otras cosas, para la evasión inteligente de detecciones, para el descubrimiento y explotación automatizada de nuevas vulnerabilidades, para generación inmediata de fakes (fake news, deepfakes, falsificaciones de voz, contenidos), para la generación de código malicioso, etc. Por otro lado, la ética, las normas, la regulación y el control del uso de esta tecnología, aunque parece arrancar, aun tiene mucho camino que recorrer y esto puede ser algo que se aproveche inadecuadamente.
  • Ataques a la cadena de suministro / blockchain. Durante 2023 se ha hablado mucho de este asunto e incluso algunas actualizaciones de leyes, normativas y marcos de actuación, han puesto su vista en ello. Y es que tan importante es protegerse a sí mismo, como garantizar que quien nos presta infraestructura, software y/o servicios también sea seguro. Ya hemos visto en varias ocasiones casos en los que un ciberincidente que ha tenido lugar en una organización, ha sido debido no a ella sino a una empresa externa, tercera y ajena a la afectada, que le presta servicios informáticos (o de otro tipo). El software, servicios, sistemas e infraestructuras que estos proveedores, partners, socios o colaboradores comparten con la empresa víctima del incidente, pueden tener también sus propias vulnerabilidades y agujeros de seguridad que los cibercriminales aprovechan para conseguir accesos, entrar y atacar a la empresa cliente a quienes proveen no a ellos directamente.
  • Phishing e ingeniería social. Tal y como lo vemos y hemos experimentado hasta la fecha, la verdad es que no es de extrañar que se encuentre entre el TOP 3 de riesgos que más se estima sucederán en 2024. En muchas (la mayoría) de las ocasiones, los ciberdelincuentes lo tienen “muy fácil” apelando a las personas, a la debilidad humana, al factor humano. En este caso, a través de un de los tipos de ataques más prolíferos y efectivos a día de hoy, conseguir engañar a las personas para que hagan algo, a través de cualquier medio, canal, o mecanismos (correo electrónico, SMS, vídeos, llamadas telefónicas, banners publicitarios, URLs fraudulentas, páginas web falsas o ilícitas, etc.).
  • Factor humano, falta de concienciación, conocimiento y habilidades, e insiders. Aunque guarda una relación muy estrecha con el anterior (la ingeniería social, el phishing, etc.), va más allá. Mientras que en aquel caso se trata de engañar a las personas, aquí el matiz es diferente. Se trata de las personas en sí mismas y su condición. Esos ataques a las personas serán fructíferos, o no, y en mayor o menor medida, dependiendo del conocimiento, la aptitud y la actitud de cada persona en materia de ciberseguridad. El no estar concienciado, no estar formado y no tener habilidades para esquivar una amenaza, es muy peligroso. Asimismo, lo es el que dentro de la organización existan otras personas que funcionen descuidadamente, no tengan sentido de la importancia de aplicar correctamente los procedimientos existentes, o incluso tangan la capacidad de atacar intencionadamente desde dentro (insiders).
  • Ataques a la nube. Las empresas cada vez más cuentan con servicios en la nube, propia (nube privada) pero generalmente de terceros (nube pública). En ella, las organizaciones manejan, transaccionan y almacenan información y datos de carácter privado, sensible y/o confidencial. Un caramelo para los ciberdelincuentes que, por todos los medios a su alcance, tratarán de acceder a ellos, atacando por, cualquier medio, a la nube de la empresa o atacando a la/s nube/s de su/s proveedor/es, cadena de suministro, e infraestructuras de su/s proveedor/es.
  • Explotación de vulnerabilidades y ataques Zero Day. Otro clásico que seguiremos viendo durante mucho tiempo, puesto que nunca dejarán de existir errores, vulnerabilidades, bugs y agujeros de seguridad en el software que empleamos. Los ciberdelincuentes continuarán buscando estas brechas de seguridad y utilizándolas para lograr sus objetivos. Aquellas que, hasta el momento de su descubrimiento y explotación no hayan sido empleadas nunca, tendrán mayor impacto.
  • Ataques a dispositivos inteligentes (IoT) y dispositivos conectados. Los dispositivos inteligentes, que transaccionan y comparten multitud de información, que dan acceso, que realizan tareas, en definitiva, el IoT (Internet of Things, Internet de las Cosas), con millones de dispositivos conectados a Internet al mismo tiempo, hace de estos elementos objetivos muy suculentos. No todos ellos están convenientemente protegidos y pueden permitir no solo la exfiltración de información confidencial, sino también el acceso a otros sistemas corporativos y su control, la realización de ataques de denegación de servicio, etc., tanto en entornos corporativos, como industriales, como domésticos.
  • Ransomware. Aunque los cibersecuestros pueden llegar por muchos medios como algunos de los comentados anteriormente, en términos de malware e infecciones, el ransomware parece que continuará llevándose la palma entre todos ellos. Su especialización e incremento de complejidad tecnológica, ayudado de otros aspectos como la ingeniería social, la inteligencia artificial, los canales masivos de comunicación, etc., harán de esta amenaza una constante que podrá incluso llegar a impactar con más severidad.
  • Deepfake. Como decíamos, el engaño es una de las principales argucias para un buen ataque. La desinformación, la posverdad, las fake news, los deepfakes, etc., actuarán más efectivamente y cada vez en más contra ese factor humano y su sensibilidad. Si bien no son un malware, o un tipo de ataque tecnológico como tal, debido a los avances de la tecnología en materia de inteligencia artificial y calidad de herramientas multimedia, etc., la generación de imágenes y vídeos falsos que suplantan la identidad de personas y aparentan lo que no es, serán cada vez más convincentes y conseguirán manipular la opinión pública
  • Hacktivismo geopolítico y ciberespionaje. Nos encontramos inmersos en varios conflictos bélicos internacionales, como lo son la guerra de Ucrania y la de Israel con Hamas. En la mayoría de ocasiones, estos enfrentamientos tienen origen económico, religioso, geográfico, social, etc. Desde esa perspectiva y diferentes puntos de vista, se encauzan ataques de hacktivismo, unas veces originados por grupos sociales con fuerza y tendencias radicales, e incluso propiciados por estados, gobiernos y naciones, que seguiremos viendo en 2024 con el recrudecimiento de las actuales contiendas bélicas.
  • Autenticación, acceso, e identidad. Debido a muchas razones, el robo de credenciales, el compromiso de cuentas en sistemas corporativos o en servicios de uso común y popular en Internet, la suplantación de identidad, etc., son objetivos de mucho valor. Durante el año que viene, continuaremos viendo como los ciberdelincuentes tratan de hacerse con esta información para saltar las barreras del perímetro corporativo, acceder a donde no deberían y hacerse pasar por quienes no son para tener privilegios y roles que les permitan realizar determinadas acciones.
  • Malware. Aunque ya no es lo más habitual (si pensamos de forma independiente en el ransomware, sin considerar que, en cierta medida, se trata de un malware), seguirán existiendo infecciones, propagaciones y ataques de malware y spyware. Las amenazas de toda la vida, como los virus, los troyanos, gusanos, keyloggers, etc., seguirán estado ahí.
  • Desinformación. La información es poder y con su manipulación o la invención de bulos (hoax), infoxicación y noticias falsas (fake news), se puede lograr manipular y controlar la conciencia ciudadana. Por ese motivo la utilizan grupos políticos, medios de comunicación, grupos de poder, e incluso gobiernos. Tiene capacidad de llegada, es rápido, tiene impacto, es eficiente, por lo que, como hasta ahora desde el comienzo de la humanidad, continuaremos viendo cientos de miles de casos, aunque no se trate de ciberataques o ciberincidentes como tal.
  • Amenazas Persistentes Avanzadas (APT). Aun no siendo los más habituales, aquellos ataques que consiguen entrar en un sistema y permanecer en él “aletargados” durante mucho tiempo esperando el mejor momento para actuar, seguirán estando presentes. Éstos continuaran empleando una combinación de técnicas para asegurar su objetivo y proceder con toda su cadena de pasos: acceder, infiltrarse, establecerse, ocultarse, escalado de privilegios, movimientos laterales dentro de la organización, observación y actuación.
  • Botnets. Esta es una amenaza que ha perdido algo de protagonismo últimamente, en lo que a la realización de ataques DoS (Denegación de Servicio) y DDoS (Denegación distribuida de servicio) se refiere, pero que en el ámbito de la tecnología Blockchain, el ataque a los bloques de esa cadena, y el minado de criptomonedas, aún tiene relevancia como para apostar por una capturar dispositivos (zombies) y montar una red de bots controlada para actuar simultáneamente y al unísono bajo las órdenes de un ciberdelincuente.

Pues bien, éstas son algunas de las amenazas y riesgos de ciberseguridad con los que nos encontraremos en 2024, tal y como podemos extraer de nuestras propias experiencias, de las previsiones de fabricantes y empresas del sector, así como de analistas y otras fuentes consultadas, entre las que destacan las siguientes: Gartner, Forbes, World Economic Forum, Google Cloud, WatchGuard, Mandiant, Virus Total, Kaspersky, SonicWall, ESET, ESED, Proofpoint, Check Point, Stellar Cyber, Fortinet, KnowBe4, SAS, BeyondTrust, Segnesys, Lenovo, TATA, IBES, Delinea, TechRepublic, etc.

¿Estará tu empresa preparada para estas ciber-amenazas y ciber-riesgos en 2024?

Quizá necesitéis la ayuda de servicios profesionales de ciberseguridad como los que ofrecemos en Zerolynx: Servicios de Ciberseguridad.

Si lo prefieres, contáctanos y hablamos.


Íñigo Ladrón Morales, Redactor de contenidos para Zerolynx.

¿Cuáles son las principales amenazas, riesgos y retos de ciberseguridad a los que se enfrentan las empresas?



La exposición a ciber-amenazas y ciber-riesgos por parte de las empresas, sigue estando ahí y nunca va a dejar de existir, incrementando enormemente cada día, en cuanto a volumen de casos y en cuanto a disparidad de técnicas, objetivos y complejidad.

Por ese motivo es importante conocer cuáles son los ciberincidentes más habituales en las empresas actualmente, con el objetivo de poder establecer una lista de prioridades de prevención concretas y unas medidas a poner en marcha lo antes posible.

En términos generales, la ciberseguridad sigue siendo un desafío para empresas de todos los tamaños y sectores. Los ciberincidentes varían en naturaleza y pueden incluir desde ataques de phishing, hasta exfiltración de datos a gran escala.

Revisando sólo algunos de los principales informes de referencia del sector, podemos tener las primeras pinceladas de ese lienzo de ciberincidentes o ciberriesgos corporativos.

Más del 50% de empresas han sufrido al menos un ataque de ransomware, mientras los ataques de phishing son la principal preocupación de seguridad para el 57%, según el Informe de Amenazas de Seguridad de Cisco.

Los ataques de phishing y los errores de configuración provocados generalmente por las personas (las cuales suponen el 74% de los ciberincidentes), suponen ya más del 50% de las brechas de datos, según el Informe de Ciberseguridad y el DBIR (Data Breach Investigation Report), de Verizon.

Los problemas de ciberseguridad en las empresas, pueden atribuirse al factor humano, a las personas, en el 95% de los casos, según el informe Global Risk Report del World Economic Forum.

Durante el último año, los ciberataques a aplicaciones web se han incrementado en un 21%, mientras que los ciberataques de robo de credenciales lo han hecho en un 22%, según el Informe de Amenazas de Seguridad de Internet de Akamai.

Como muestra, un botón. Estos son sólo algunos ejemplos, pero hay muchos más, que evolucionan en el tiempo y, lamentablemente, no siempre para mejorar la estadística ni la situación.

Siendo este el escenario, actualmente, algunos de los ciberincidentes más habituales son los siguientes, o son debidos a las siguientes causas (las principales, ciñéndonos a los estudios, informes y análisis existentes):

  • Ataques de ingeniería social, ataques a las personas, al factor humano, o ataques de cualquier otro tipo, que comienzan con una acción de ingeniería social, los cuales, en la mayoría de los casos, llegan a través de phishing en cualquiera de sus variantes (smshing, vishing, qrshing, spear phishing, etc.) o de otros canales, medios, o tácticas empleadas por los ciberdelincuentes. Este tipo de ataques suelen dirigirse a empleados dentro de las empresas y, casi siempre, a empleados muy concretos (directivos, contables, personal de compras, VIPs -Very Important People- y/o VAPs -Very Attacked People-), quienes son engañados para revelar información privada y confidencial, o para descargar y ejecutar malware sin ser conscientes.
  • Los ataques de phishing en sí mismos, ya sean de suplantación de identidad (tipo BEC - Business Email Compromise) o no, en cualquiera de sus modos de entrega y “sabores” (por correo electrónico, por SMS, en una llamada de teléfono, por WhatsApp, al leer un QR, etc.).
  • Los dos anteriores (ingeniería social y phishing de todo tipo), entre otros tipos de ataques, producen a su vez exfiltración de datos, o violaciones de datos e información. Este es un gravísimo problema puesto que se exponen datos de clientes, información personal, o información legal, industrial o financiera de la empresa atacada.
  • Los cibersecuestros o ataques de ransomware, cuyo número de casos aumenta considerablemente a medida que pasa el tiempo, sofisticándose cada vez más, siendo más dañinos y dirigiéndose a empresas de todo tipo de sectores y tamaño (negocios, autónomos, micropymes, pymes, grandes empresas, multinacionales). Estos ataques cifran la información y documentos, bloqueando el acceso datos y sistemas, exigiendo un rescate para restaurar el acceso, descifrándolos.

Además, existen otros tipos de amenazas a las que también se ve expuestas las empresas, aunque no en tanta cuantía como las anteriores:

  • El malware en general (virus, troyanos, gusanos, botnets, spyware, etc.), que llega a la empresa (su perímetro, dispositivos internos y externos, red corporativa, nueva, infraestructuras, etc.) por diferentes canales (email, phishing, descargas, USBs, etc.) y realiza la actividad maligna, ilícita o dañina para la que está programado. En muchas ocasiones, existen variantes o muestras de malware aún desconocidas (de reciente creación) que pueden ser utilizadas para atacar e infectar. Este tipo de ataques se suele conocer como ataques Zero Day, 0-Day, o de Día Cero.
  • La explotación de vulnerabilidades supone atacar por los puntos más débiles detectados en alguna de las aplicaciones o software de uso corporativo, así como su red, arquitectura hardware, infraestructura, cloud, sistemas informáticos de la organización, e incluso dispositivos (IT, OT, IT/OT e IoT). En muchas ocasiones, existen vulnerabilidades aún desconocidas que pueden ser explotadas por quienes las hayan detectado antes que nadie. Este tipo de ataques también se suele conocer como ataques Zero Day, 0-Day, o de Día Cero.
  • Los ataques de denegación de servicio (DoS / DDoS), realizados consiguiendo alinear, de forma simultánea, peticiones masivas desde multitud (miles, cientos de miles, millones) de puntos o dispositivos, a un único elemento común (servidor web, base de datos, sistema de acceso, formulario de introducción de datos, API, etc.), con lo que se consigue saturar, colapsar y dejar fuera de servicio a ese sistema, sin necesidad de infectarlo ni realizar ningún otro tipo de acción. Pueden ser de tipo DoS (ataque de Denegación de Servicios) o de tipo DDoS (ataque Distribuido de Denegación de Servicios) y, generalmente, son lanzados desde una BotNet (una red de ordenadores, conocidos como zombies, que previamente han sido “capturados” para tomar el control sobre ellos y poder solicitarles que realicen determinadas acciones, como conectarse todos al mismo tiempo y de forma recurrente a un servicio web para provocar un DoS, un DDoS, un minado de criptomonedas, etc.).
  • Los ataques a (o desde) el Internet de las Cosas (Internet of Things - IoT) e infraestructuras corporativas son también habituales, especialmente en empresas de entornos industriales. En este caso se aprovechan agujeros de seguridad y configuraciones incorrectas de dispositivos como cámaras, impresoras, PLCs, electrodomésticos inteligentes, etc.
  • La inyección de código, o inyección de código SQL, que consiste en atacar un servicio web (generalmente a través de un formulario con campos para la introducción de datos), introduciendo código SQL en los campos vulnerables en los que sea posible, para lograr acceder a las bases de datos y extraer su información.
  • Las APTs o Amenazas Avanzadas Persistentes, considerados unos de los ataques más evolucionados, que adoptan tecnologías, mecanismos y estrategias más sofisticadas, complejas y dirigidas. En este caso, consiste en casos de hacking que se realizan de forma continuada sobre una organización para conseguir entrar y permanecer en ella durante mucho tiempo, realizando su actividad dañina.

Por supuesto, existen muchos otros tipos de ciberamenazas, ciberriesgos y ciberataques a empresas, tales como:

  • Aquellos que atacan a sus infraestructuras cloud, internas o externas de un tercero y a las aplicaciones existentes en ellas. En este caso, por ejemplo, podríamos hablar de shadow IT o los riesgos de infraestructuras que no controla el departamento de IT de la organización (como lo son las infraestructuras en la nube contratadas a proveedores cloud).
  • Relacionado con el punto anterior, debido especialmente a la cada vez más grande dependencia de servicios de terceros, uno de los riesgos más comunes, que menos se tiene en cuenta pero que está cobrando especial relevancia y atención, es el de la cadena de suministro. Es decir, el de aquellos riesgos que, no siendo propios o inherentes a la empresa como tal, sí pueden afectar a ésta pues son riesgos de un tercero en el que tiene alojados sus servicios o con el que colabora para algo en concreto, incluso socios, partners, etc.
  • Insiders o amenazas internas que, como usuarios internos de los sistemas de la organización (ya sean empleados, proveedores, colaboradores o partners), de forma intencionada o no, pueden realizar acciones perjudiciales y dañinas a causa de su falta de conocimiento y formación, desidia, descuido, configuraciones incorrectas, cese de accesos, credenciales y permisos, uso y conexión de dispositivos externos a la red corporativa, etc.
  • Los ataques directos a sus activos de información, tales como bases de datos (o elementos contenedores de información) de clientes, proveedores, socios, usuarios, colaboradores, o la propia de la organización (propiedad intelectual, patentes, legal, societaria, financiera, etc.), con información privada y confidencial, que pueden producir, además de fugas de información, importantes problemas a la empresa en términos económicos, de cumplimiento normativo, legales, y de imagen, reputación, marca y continuidad de negocio.
  • El desarrollo no seguro de software y aplicaciones propias corporativas, que no cuentan con una filosofía de la ciberseguridad desde el diseño, incurriendo en bugs, brechas de seguridad y vulnerabilidades que pueden ser explotadas por terceros. Parta subsanarlo, se requiere un modelo de Ciclos de Desarrollo Seguro de Software (SSDLC).
  • La falta de adecuación técnica para el debido cumplimiento normativo (falta de compliance) es otro factor a tener muy en cuenta. En este caso, el no cumplir con determinados estándares y marcos de ciberseguridad y legalidad definidos, con determinadas normas, reglamentos y leyes, puede acarrear serios problemas. Ya no por no cumplir y las sanciones o multas que esto puede conllevar, sino también por los agujeros de seguridad y la falta de protección de calidad que supondrá el no cumplir con ellos.

Entre todo este maremágnum de riesgos, amenazas y las probabilidades de sufrir un ciberincidente, subyacen aspectos (motivos), no siempre tecnológicos, que, si no es que los provoquen directamente, quizá si sean factores determinantes en muchas ocasiones y caldo de cultivo para que se materialicen. Algunos de ellos podrían ser:

  • La falta de concienciación, formación y entrenamiento de los empleados.
  • La evolución continua de la tecnología y la digitalización que requieren una actualización constante y cuasi inmediata. Y, del mismo modo, la evolución (a la zaga) de las nuevas legislaciones, reglamentos y normativas que vienen a tratar de regularla y “poner cierto orden de conducta”, con una visión lo más holística posible, en multitud de países con características comunes o no.
  • La capacidad económica, financiera, de inversión y recursos dentro de la organización. Una organización puede tener cierto conocimiento y destreza para llevar a cabo su propia estrategia de ciberseguridad, pero no es lo habitual. Si éste no es su core business o su área de TI no cuenta con esas capacidades, recursos o tiempo, lo normal y aconsejable es recurrir a expertos externos y a la adquisición de software, aplicaciones, herramientas y servicios de ciberseguridad.

Estos quizá sean los retos principales que deben cumplir las empresas para poder comenzar a adaptarse, protegerse convenientemente, prevenir y cumplir.

En un mundo donde la tecnología es omnipresente, la ciberseguridad se vuelve fundamental para la sostenibilidad y el crecimiento de cualquier empresa. Los riesgos y desafíos en este ámbito evolucionan constantemente, exigiendo un compromiso continuo con estrategias de ciberseguridad sólidas y una mentalidad proactiva para enfrentar estas amenazas de manera efectiva y eficiente.

¿Está tu empresa preparada y libre de ciber-amenazas y ciber-riesgos?

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Si lo prefieres, contáctanos y hablamos.


Íñigo Ladrón Morales, Redactor de contenidos para Zerolynx.




Zero Trust, el cambio de paradigma en la ciberseguridad corporativa



En lo que a protección y prevención en materia de ciberseguridad se refiere, la realidad a día de hoy es que las posturas de las organizaciones siguen siendo mayoritariamente reactivas, más que proactivas.

Sin embargo, con el incremento de ciberincidentes, ciberataques, y la complejidad de tecnologías y mecanismos de ataque, cada vez parece hacerse más necesario un posicionamiento contrario, basado en la observación continua y la potenciación de las capacidades de adaptarse, en tiempo real, a cualquier cambio de escenario.

Este cambio de paradigma, está ya encima de la mesa. Consiste en pasar a un modelo de prevención y protección más restrictivo, más férreo, que evite y mitigue problemas de forma más efectiva y eficiente. En este sentido, el nuevo modelo de Confianza Cero, propone “estar pendientes de todo, en todo momento, sin considerar con anterioridad que los puntos o elementos analizados son buenos y, por tanto, merecen nuestra confianza”.

La R.A.E define la confianza como “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”, “Seguridad que alguien tiene en sí mismo (o en alguien o algo)”. Por lo tanto, la no confianza, la desconfianza, o la confianza cero, debería de ser todo lo contrario a esto, es decir: “DES-Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”, “IN-Seguridad que alguien tiene en sí mismo (o en alguien o algo)”.

Y, ahí es donde radica el enfoque del Zero Trust, en, a priori, no confiar en nada absolutamente, aunque parezca confiable. Este enfoque desafía la noción tradicional de confianza implícita dentro de las redes corporativas, basándose en la premisa de que ninguna identidad, usuario o dispositivo debe ser automáticamente confiable, independientemente de su aspecto, información, ubicación o posición en la red.

Si trasladamos esto al terreno tecnológico, el término Confianza Cero podría definirse como el enfoque o posicionamiento de seguridad, de ciberseguridad, que desconfianza constantemente de cualquier usuario o dispositivo que intente acceder a una red, incluso de aquellos que ya están dentro de ella (actores internos, como insiders y dispositivos).

Dicha postura, exige un cambio de actitud, de modelo, de paradigma, que pasa de ser “primero confiar y después verificar” a ser "primero desconfiar y verificar constantemente cada elemento analizado".

Yendo un poco más al detalle, la Confianza Cero se basa en:

  • La verificación continua, que constantemente está analizando para verificar la autenticidad, la consistencia, los permisos y autorizaciones de cada elemento (usuarios y dispositivos), en lugar de confiar en ellos por defecto.
  • El modelo de gestión de identidad e identificación, utilizando siempre la autenticación multifactor (M2A, MFA) para confirmar la identidad de un usuario (IAM).
  • El mínimo privilegio con el que solamente se concede el acceso mínimo necesario y los permisos o capacidades más básicas para realizar una determinada tarea o actividad desde dentro de la red corporativa o nube de la organización, además de en dispositivos internos y externos corporativos o particulares (BYOD - Bring Your Own Device) y la gestión de los mismos (MDM - Mobile Device Management).
  • La microsegmentación, que pretende limitar la superficie de ataque, dividiendo la red corporativa en segmentos más pequeños y más fáciles de monitorizar y controlar.
  • El uso de la segmentación dinámica, que pasa del modelo clásico del análisis estático del perímetro de la red corporativa y su seguridad, a un modelo de inspección del tráfico en toda la red.
  • El análisis de patrones y comportamientos que, de forma continua, chequean las comunicaciones, transacciones, acciones y actividades que tienen lugar, detectando cuáles de ellas no son habituales y pueden considerarse amenazas potenciales.

Esta es, a muy grandes rasgos, la filosofía a aplicar en este nuevo paradigma de desconfianza continua y generalizada, que requiere determinados cambios en las organizaciones para aterrizar la estrategia a la táctica y operativa:

  • La organización debe trasladar y dejar clara esta nueva estrategia o línea de actuación a todos los niveles organizativos.
  • Se debería de realizar una evaluación o análisis de riesgos, específica, de lo que supondrá el cambio de paradigma y adaptar la adaptación del nuevo modelo de confianza cero.
  • Es necesario que la organización traslade un cambio de mentalidad que haga que los empleados pasen de trabajar en un modelo de "confianza por defecto" al nuevo modelo de confianza cero o "verificar siempre antes de permitir".
  • Una vez mentalizados, los empleados deben ser concienciados y formados en las nuevas formas de trabajar, nuevas prácticas seguras y las best practices, del modelo zero trust.
  • Después, la empresa debe adquirir, adoptar, implantar y poner en marcha las herramientas de seguridad más apropiadas (WAF -Web Application Firewall-, IAM -Identity and Access Management-, seguridad perimetral, contar con un SOC, etc.), que apliquen y se alineen con el nuevo modelo de desconfianza. En este sentido, un factor a analizar y tener muy en cuenta es la complejidad tecnológica que esto supondrá, y si el cambio es asumible y viable en ese momento para la organización.
  • Por otro lado, en lo que respecta al análisis de patrones y comportamientos, quizá merezca la pena contar con herramientas de automatización y aprendizaje, con cierto grado de machine learning e inteligencia artificial que permitan detectarlos e identificarlos.

Con la adopción de este modelo de confianza cero en lo que a ciberseguridad corporativa se refiere, todo serán beneficios. Sin embargo, no todas las empresas están preparadas para ello.

Desde el punto de vista de la mitigación de riesgos, aporta porque se desconfía de todo, por lo que no “todo” tendrá la capacidad de actuar, reduciendo así la posibilidad de que un riesgo se convierta en una amenaza real que explote brechas de seguridad y produzca un ciberincidente.

Por otro lado, esta continua monitorización de elementos, actores y sus actividades, proporciona una más amplia y mejor visibilidad de todas las piezas de todos los sistemas (dispositivos, infraestructuras, red interna y nube) y de todos los elementos que existen y/o interactúan con ellos, y en qué medida o cómo lo hacen. Esto aporta conocimiento que beneficia a la inteligencia de amenazas.

Como decíamos, lamentablemente, no todas las empresas están aún preparadas para subirse al carro de este cambio de paradigma, pues aún tienen importantes retos que alcanzar. El primero de ellos puede estar relacionado con los costes derivados de su puesta en marcha y también de su mantenimiento y operación, por falta de capacidades, recursos, conocimientos, dedicación, etc.

Otro de los factores que podría afectar es el de la complejidad que esto suponga en una organización concreta, máxime si su core business no es la seguridad. Esto puede cambiar modelos arquitectónicos de sistemas ya en funcionamiento, infraestructuras, etc.

En cualquier caso, el modelo Zero Trust sigue adelante e imparable, apalancándose en la evolución tecnológica y también en las novedades que van surgiendo en lo relativo a la lucha contra nuevas amenazas emergentes, adoptando para sí tendencias como la automatización, el machine learning y la inteligencia artificial, que permiten hacer más eficiente la identificación y detención de amenazas.

Igualmente, otros dos pilares de sustento del modelo, serán la evolución de las soluciones generales y, en particular, las relativas a la seguridad perimetral y en la nube, aderezándolas con cambios en los enfoques de autenticación y gestión de identidades más potentes (en breve, tendremos eIDAS2 en Europa).

Con todo ello, podemos decir que la confianza cero representa un cambio fundamental en la forma en que las empresas abordan su seguridad, la de sus redes, la de sus datos. A medida que las ciberamenazas evolucionan, este modelo es mucho más relevante. Pero, como decíamos, su éxito de implantación requiere continuidad, recursos y una adaptación personalizada a cada empresa. Quizá la confianza cero no sea la única alternativa, pero es un marco muy sólido para abordar el futuro de la ciberseguridad.

Existen entornos y tecnologías en las que la adopción de un modelo de Zero Trust es de vital importancia, sin que esto suponga (al igual que en todos los casos anteriores) efectos secundarios como cuellos de botella o ralentizaciones, como lo pueden ser el IoT (Internet of Things), el OT (Operational Technology), el IT/OT en entornos industriales, los entornos cloud, y el desarrollo seguro de software, así como todos los mecanismos de integración y de consumo de servicios de terceros (APIs).

La adopción de un marco de confianza cero supone un cambio y un esfuerzo para las empresas. Pero este modelo se está posicionando, cada vez más, como la línea de actuación más adecuada para proteger activos críticos y salvaguardar la continuidad del negocio.

¿Está tu empresa preparada para asumir el reto del Zero Trust?

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Si lo prefieres, contáctanos y hablamos.

Íñigo Ladrón Morales, Redactor de contenidos para Zerolynx.

¿Está tu empresa protegida contra ataques “SHING”?




Seguro, sin duda de ninguna clase, en vuestra empresa habéis sufrido, sino miles, cientos de “ataques tipo SHING”. ¡¿Qué os apostáis?!

En las empresas contamos con mucho software, hardware, servicios profesionales y medidas, más o menos férreas, para la protección de nuestros activos físicos y digitales. Pero, además de esto…

  • ¿Tenemos en cuenta el eslabón más débil de la cadena?
  • ¿Tenemos en cuenta los ataques de ingeniería social?
  • ¿Tenemos en cuenta el Factor Humano, que representa el 74% de los incidentes, según el 2023 Data Breach Investigation Report de Verizon?

Por otro lado, el 98% de las ciberamenazas a las que se enfrentan las empresas, comienza con un correo electrónico que llega al buzón de alguno de sus empleados, como también refleja informe. Al final, las personas somos receptores y activadores de amenazas.

Y, además, el 95% de los problemas de ciberseguridad pueden atribuirse al factor humano, como apunta el Global Risk Report 2022, 17th Edition, del World Economic Forum.

Pues bien, a esto también nos tenemos que enfrentar con todas nuestras fuerzas, a los ciberataques dirigidos a personas, a proteger personas para proteger nuestros activos corporativos.

Ya no se trata sólo de contar con artillería y herramientas de protección y prevención, también debemos concienciar, capacitar y entrenar a nuestros empleados, socios y proveedores (a todo aquel que accede y hace uso de nuestros sistemas y servicios), para que no caigan en engaños y estafas que apelan a la sensibilidad y al comportamiento humano.

La manipulación de las personas, la manipulación psicológica, el apelar a situaciones de urgencia, de solidaridad, de compañerismo, sociales, etc., son parte de las técnicas más empleadas y efectivas que manejan los ciberdelincuentes.

En definitiva, el uso de la Ingeniería Social. Y buena parte de ella, llega a nuestra empresa como “SHING”, el arte del engaño a las personas, para conseguir que hagan lo que se quiere que hagan y, en la mayoría de las ocasiones, sin necesidad de utilizar para ello malware, ni ransomware, ni tecnologías avanzadas, ni tan siquiera cualquier tipo de tecnología, sino sólo utilizar a las personas para atacar.

Nos va sonando, ¿no? Sí, el “shing” es una amenaza muy conocida y muy interiorizada, con la que nos es difícil, o nos cuesta mucho luchar, tanto a nivel particular en nuestros hogares y dispositivos personales o familiares, como en el ámbito corporativo de las empresas de todo tipo y tamaño: phishing, smshing, vishing, QRshing, Fraude del CEO, ataques BEC (Business Email Compromise) o compromiso de cuentas. Los conocemos, ¿verdad? Y, ¿a que los hemos recibido (y mucho) en nuestras empresas? ¿Hemos picado? ¿Qué repercusiones han tenido?

¿Qué es el phishing? El INCIBE lo define muy breve y claramente como “el anzuelo en tu bandeja de entrada”, pero agrega una definición más técnica y profesional:

El phishing es una técnica que consiste en el envío de un correo electrónico por parte de un ciberdelincuente a un usuario simulando ser una entidad legítima (red social, banco, institución pública, empresa, proveedor, partner, etc.) con el objetivo de robarle información privada, realizarle un cargo económico o infectar el dispositivo, mediante su contenido, archivos adjuntos o enlaces a páginas fraudulentas en el correo electrónico”.

Y, en ese tipo de ataques “shing”, existen muchas modalidades, además del phishing que llega por email:

  • Smishing, que combina los menajes SMS y el phishing como tal, utilizando mensajes de texto para dirigir a las víctimas a sitios web falsos, ilícitos, o fraudulentos, e incluso solicitar a los usuarios receptores que realicen algún tipo de acción.
  • Vishing, consistente en un ataque de phishing a través de una llamada telefónica, en la cual quien llama trata de hacerse pasar por alguien legítimo como una empresa, un organismo oficial, una administración pública, un proveedor, un cliente, etc., y solicita al receptor de la llamada determinado tipo de información personal, privada, o confidencial, e incluso que realice algún tipo de acción.
  • QRshing, que emplea la lectura de códigos QR falsos, fraudulentos, ilícitos, o maliciosos para llevar a los usuarios a una página web o un formulario desde el cual se descarga malware, o en donde se le solicita la introducción de datos personales, privados o confidenciales.
  • Spear phishing, que, siendo un ataque de phishing en cualquiera de sus modalidades, es un ataque dirigido específicamente a una persona (o varias) de la empresa, a un empleado de la empresa, a un organismo o administración pública, a una empresa en concreto, a una determinada organización, a un político, etc. Se trata de un tipo de phishing más “estudiado”, elaborado y eficiente, ya que los ciberdelincuentes previamente han investigado a la organización, a sus empleados, a las personas a atacar, conociendo ya a los destinatarios, sus hábitos, roles, responsabilidades, capacidades, accesos con los que cuentan, a información a la que pueden acceder, permisos para realizar determinado tipo de actividades y, por tanto, lo que pueden sacar de ellos.
  • Whale phishing, Whaling, o Whishing, que, siendo similar al spear phishing, se diferencia de él en que, en este caso, el ataque es dirigido personas concretas de muy alto perfil dentro de la empresa u organización (un “pez gordo” de la organización como lo pueden ser los socios, el presidente, los miembros del Consejo de Administración, el CEO, el Director General, los miembros del C-Level, e incluso otros tipos de perfiles corporativos, como el DPO, etc.), los cuales tienen acceso y manejan información concreta de carácter confidencial y estratégica.
  • Pharming, que consiste en un tipo de phishing más sofisticado, pues los ciberdelincuentes redirigen el tráfico de una web real, verídica y legítima (mediante diferentes tipos de técnicas), hacia una web falsa, fraudulenta o ilegítima, donde comprometen la privacidad y la seguridad de la información.
  • Clone phishing, consistente en que un ciberdelincuente intercepta y obtienen previamente un correo electrónico legítimo de la organización suplantada, que posteriormente modifica (generalmente introduciendo en él un texto con instrucciones para que el destinatario las aplique, o un enlace fraudulento o incluso ficheros adjuntos con malware). Con esto consigue un mayor grado de fiabilidad del mensaje y, por tanto, más efectividad del mismo.
  • Angler phishing, o Phishing social, mediante el cual los ciberdelincuentes realizan una suplantación de identidad, o simplemente, se hacen pasar por un trabajador del soporte técnico de una empresa (por ejemplo, el caso del Falso Soporte Técnico de Microsoft que nos llama por teléfono), o del departamento de compras, o de facturación, o similar, para engañar al destinatario y hacer que aporte determinada información personal y/o confidencial de la empresa.
  • Fraude del CEO. En este caso, aunque parecido al caso anterior, también existen situaciones en las que, dentro de una empresa, se suplanta la identidad de un alto cargo (generalmente con peso específico, como el CEO, un directivo, un jefe de departamento, etc.), para conseguir que el destinatario del mensaje (un empleado), confíe en que el mensaje realmente viene de quien parece venir, siendo éste legítimo y, por ende, el empleado haga lo que se le indica que haga en ese email. Este tipo de ataques, o de técnicas de ataque, también se conocen como Ataques BEC (Business Email Compromise).
  • Malvertising, el cual va algo más allá, puesto que los ciberdelincuentes llegan a comprar publicidad y anuncios redes sociales y plataformas (por ejemplo, imágenes y banners animados y clicables), incluyendo en ellos enlaces a sitios ilegítimos y/o fraudulentos. Un caso concreto de este tipo de ataques es el del Pop-Up phishing, que muestra mensajes emergentes (generalmente avisos, anuncios, o publicidad) al visitar una página web. Sin embargo, estos anuncios fraudulentos se podrían mostrar de cualquier otro modo.
  • Black Hat SEO, Phishing en motores de búsqueda, o Envenenamiento SEO. En este caso, la cosa es más compleja, ya que los ciberdelincuentes tienen una estrategia, trabajan e invierten dinero en manipular el posicionamiento SEM/SEO de sus enlaces en Internet, con el objetivo de que siempre aparezcan en las primeras posiciones de buscadores como Google, Bing, y Yahoo.
  • Phishing de WiFi falsa, o Phishing de punto de acceso falso, o Phishing del gemelo malvado, que consiste en que los ciberdelincuentes generan una WiFi falsa suya, que se parece a otra WiFi pública abierta, ya existente, y disponible, en un lugar concreto, donde se conectan los usuarios pensando que es la correcta.
  • SIM Swapping, mediante el que los ciberdelincuentes convencen a los proveedores de servicios para transferir el número de teléfono de la persona a la que se pretende atacar a una nueva tarjeta SIM. Con esto, los atacantes consiguen el acceso a mensajes y llamadas de la persona atacada.
  • Watering hole phishing, o ataque de abrevadero, que supone un ataque específico a una empresa u organización en concreto. Los ciberdelincuentes detectan las webs, dominios o URLs que más visitan o con más tráfico desde los dispositivos de los empleados de una empresa en concreto y les redirigen desde esas URLs correctas a URLs maliciosas (propiedad y gestionadas por los ciberdelincuentes) que pueden descargar malware. Puede asemejarse al pharming, pero no es exactamente lo mismo.
  • Hishing o Hardware phishing que, aunque quizá no contemple una técnica de engaño como en casos anteriores, consiste en que los ciberdelincuentes, a través de diversos métodos, esconden” malware en diferentes dispositivos (ordenadores, portátiles, teléfonos móviles, etc.) que van a ser entregados a otros usuarios (alquiler, venta nueva, venta de segunda mano, etc.).

Y, sin duda, existen, y existirán, muchas más variaciones y matices respecto a técnicas, mecanismos, artimañas y engaños para que los ciberdelincuentes logran sus objetivos.

Este tipo de ataques de phishing que, al fin y al cabo, en la mayoría de los casos, emplean la ingeniería social, conviven, se conjugan e incluso se pueden llegar a combinar con otras tácticas de ataque que también la emplean, tales como:

  • El Pretexting busca que a persona atacada (la víctima) facilite información personal y/o confidencial, utilizando para ello un “pretexto” o “pretextos” (excusas) que atiendan a sus intereses, a los de la empresa, el negocio, etc., y le motiven a hacer algo en concreto debido a una supuesta necesaria premura de actuación, urgencia, aspectos de solidaridad, sociales, etc. Así los ciberdelincuentes manipulan a sus víctimas para que hagan lo que ellos quieren que hagan. Algunos casos, tipos o ejemplos son los fraudes o estafas que alucen a situaciones relacionadas con un supuesto Soporte Técnico (por ejemplo, el caso del Soporte Técnico de Microsoft), el caso del Fraude del CEO, los económicos, relacionados con supuestos premios, herencias y juegos de azar, etc.
  • El Baiting consiste en depositar o dejar “abandonado” un dispositivo de almacenamiento (un pincho USB, un disco duro extraíble, una memoria SD, u otro tipo de dispositivo) que contiene malware en su interior. El objetivo es que quien se lo encuentre, se lo lleve, acceda a él, lo utilice y lo conecte a otros dispositivos, con el fin de infectaros y propagar así dicho malware, afectando de forma masiva. Otras variantes, en función del medio o lugar en el que resida ese malware, pueden ser el Fake WiFi Hotspot (donde se utiliza como medio un punto de acceso WiFi), la lectura de códigos QR fraudulentos (QRshing), el fraude en Redes Sociales o Social Media (donde se comparten URLs, links, enlaces incluso imágenes o elementos multimedia clicables, desde los que se descarga el malware), el propio Black Hat SEO, etc.
  • El Tailgating, que es el conjunto de técnicas de ingeniería social con las que los ciberdelincuentes consiguen un acceso, no autorizado, a la red de la empresa (o cualquier otro servicio o sistema que cuente con validación/login), mediante el análisis de comportamiento de los usuarios/empleados. Algunas de estas técnicas pueden ser el Keylogging (por el que se averiguan las pulsaciones de teclado que realizan los usuarios/empleados), o el Bluetooth Hacking (o ataque y acceso a la comunicación Bluetooth para “esnifar” o interceptar la información que transita por ella), entre muchos otros.

Como hemos visto en todos ellos, los ciberdelincuentes emplean diferentes canales, medios, o mecanismos para actuar, donde los principales suelen ser los siguientes:

  • Correo Electrónico (phishing tradicional).
  • Mensajes SMS de texto (smishing).
  • Llamadas telefónicas (vishing).
  • Códigos QR (QRshing).

Y, todo esto, está a la orden del día, más incluso de lo que nos parece. Infinidad, la gran mayoría, de los ciberataques exitosos perpetrados contra empresas, contra organizaciones y sus empleados, se basan en estos mecanismos o técnicas. Como dato, un botón… durante 2023:

  • El correo electrónico es el principal vector de amenazas. El 98% de las amenazas comienzan con un email a modo de ataque dirigido a personas, de los que, el 12% son casos de phishing y el 49% casos de robo de credenciales, según el 2023 Data Breach Investigation Report de Verizon.
  • Tres de cada cuatro incidentes de correo electrónico (phishing y otros) están dirigidos a pymes, según Coveware.

Como vemos, este escenario impacta enormemente a las empresas, a cualquier tipo de empresa, suponiendo perjuicios tan notables como pérdidas económicas, pérdidas de reputación, fraude financiero, incumplimientos legales y normativos (con sus respectivas penalizaciones, sanciones y multas), accesos indebidos, pérdida de datos, suplantación de identidad, hasta incluso con la discontinuidad o paralización del negocio de forma temporalmente transitoria, o definitiva, lo que podría suponer el cese del negocio.

Parece que las empresas aún no han puesto toda la carne en el asador para coger el toro por los cuernos, pues no se trata solamente de tomar medidas tecnológicas como la implantación de herramientas tecnológicas potentísimas, ni sistemas férreos de control, ni de monitorización continua de comunicaciones, ni de gestión de riesgos y vulnerabilidades, ni de contar con el mejor filtrado de correo, ni de garantizar los mejores modelos de autenticación… también se trata de personas.

En definitiva, se trata de esto y, además, de proteger a las personas, a los empleados, y facilitarles todos los recursos posibles para que no piquen, para que “no caigan en la tentación” (herramientas, servicios profesionales, servicios de ciberseguridad gestionados, concienciación, capacitación, entrenamiento, etc.).

¿No crees que tu empresa se puede encontrar fácilmente, en cualquier momento, en una de las situaciones que hemos descrito?

Quizá tu empresa necesite la ayuda de servicios profesionales de ciberseguridad como los que ofrecemos en Zerolynx: Servicios de Ciberseguridad.

Si lo prefieres, contáctanos y hablamos.

Íñigo Ladrón Morales, Redactor de contenidos para Zerolynx.